jueves, 4 de septiembre de 2008


El despertar de otro día en Madrid. Misma rutina, pero un sabor de boca distinto. No sé si es el vientecillo que entra por la mañana por la ventana, o que me estoy volviendo paranoica otra vez, pero creo que se avecinan cambios.
Hablo de cambios en general, en la sociedad, en mí alrededor y previsiblemente en el tiempo dado el dolor de cabeza continuo que me acompaña los dos últimos días.
Al quedarme dormida anoche pensaba en el futuro, y supongo que eso tuvo que ver con el sueño que luego tuve. Soñé que el mundo estaba lleno de personas sin cara. Era suficientemente curioso como para mantenerme en intriga y a la vez se parecía a una pesadilla. Nadie me conocía, porque en realidad no me distinguía de nadie. La soledad absoluta aun estando acompañada, por rodearme de presuntos extraños. A lo mejor es que mi subconsciente piensa que realmente no conozco a nadie, o que nadie me conoce a mí. No tengo claro cuál de las dos es peor.
Tras volver a la escritura sin sentido, y a los sueños rallantes, sé de fijo que he vuelto a conectar con Cris la oscura.
Seguiré escribiendo cuando tenga oportunidad, puesto que mi ordenador no se enciende, estoy de exámenes y tengo una depresión enorme por haber perdido mis historias y poemas del disco duro, del cual no tengo copia por confiar demasiado en la tecnología. Espero encontrar el tiempo y la inspiración de nuevo para poder compartir. Eso sin contar con el valor.

PAZ Y AMOR

1 comentario:

Maru dijo...

Cada vez la gente se conoce menos, demasiada rutina, demasiada falsedad, demasiadas cosas que hacer y poco tiempo pare ello. Sin embargo siempre hay quien nos conoce, y siempre hay quien conocemos, es bueno tener alguien con quien quitarse la mascara que muchas veces inconscientes, y otras conscientemente nos ponemos.

Besos