jueves, 11 de septiembre de 2008

La curiosidad mató...

Siento la oscuridad que acecha todas las esquinas de mi alma, la caída libre que sufre mi estado de ánimo dejándome solo con ganas de terminar con todo. La vida es una curiosa paradoja que vuelve a pegarme una bofetada de realidad cuando menos me lo esperaba y peor me podía sentir.
Mi rincón oscuro se ha convertido en una habitación, en un castillo, en un mundo. Ya no veo nada, me ciega la rabia bruta de saber que todo se escapa de mis dedos y no puedo hacer nada. Me duele saber que el dolor vendrá, que tendré razón y todo desde el principio era una mala idea. Soñaría con encontrar la solución al enigma de mis celos mezclados con paternalismo, pero no puedo. Me bebo mi copa sin rechistar sabiendo que hay veneno en ella y que posiblemente lo acabe perdiendo todo.
Yo nunca fui nadie importante, ni lo desee, la invisibilidad tiene sus ventajas y hasta cierto milímetro te da una seguridad arrolladora. Quiero volver a solo preocuparme por el cole y el tiempo del próximo día. Volver a leer historias de fantasía y amor que siempre acababan bien. Seguir pensando que la felicidad no es un espejismo y que los ojos que se reflejan en el espejo dejarán de ser verdes algún día. Pero no es así. Si lo pienso fríamente en el cole tampoco era del todo feliz, deseaba crecer y convertirme en esa gran persona. Que decepcionada estaría la Cris de 8 años al verme.
Mis ojos verdes han vuelto para quedarse, la música triste y melancólica del mp3 también y las comeduras de tarro constantes vuelven pisando fuerte.
Estas palabras son un desahogo y sólo pretenden ser eso: palabras. Dentro de mi oscuridad empiezo a ver las cosas más claras y puede que por primera vez en mucho tiempo sepa lo que debo hacer. Ahora la pregunta es: ¿seré capaz?

PAZ Y AMOR

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