lunes, 8 de septiembre de 2008

Y después de la tormenta...


El ambiente tormentoso de la capital me relaja. No sé si es el viento, la expectación por una posible tormenta o simplemente que tras tres horas de caos he llegado por fin al orden.

Las hojas de los árboles comienzan a hablar de un cambio. Pronto comenzará su caída, alcanzando así su libertad pero también su muerte. Llevo un rato observando su comportamiento desde mi ventana, y no sé muy bien cómo se me han asemejado de repente a nuestra sociedad. Llena de ramas de personas, de clases, de alturas y tamaños, pero todos dentro de un mismo tronco. Pero si uno no desea estar allí, lucha para desprenderse encontrando su ansiada libertad y posiblemente en su soledad encuentre la muerte. A lo mejor no física, pero sí la psicológica, que puede ser la peor.

Por lo demás yo me encuentro cómoda en mi rama, protegida de exceso de sol, de falta de comida y por supuesto de vientos huracanados que intenten tirarme. Supongo que debería dar gracias, y quizá dejar de estar tan a mis anchas y compartir un poco de espacio. Son muchos los que sufren y yo tengo de sobra para compartir.

En una tarde en la que me siento culpable por no ser más solidaria, en la que desearía ser capaz de ver más allá de mis problemas y en la que agradezco a todos los que pasan por mi blog ( firmando o no) su colaboración me despido.

El viento susurra palabras sabias, paraos a escuchar si tenéis un rato.


PAZ Y AMOR

1 comentario:

Anónimo dijo...

me gusta mucho tu sinceridad, cristina