
Descubrí que los sueños se hacen realidad si sabemos soñar. Últimamente me encuentro de mejor humor, no sé si es por mi dieta súper-sana o por el comienzo del otoño y el frío, de cualquier modo, parece que no me encuentro en mi piel. Mi cabeza vuela por mundos que creía cerrados ya, y he vuelto a encontrar tiempo para escribir.
Tengo ganas de navegar, de sentir la brisa del mar con ese olor a sal que me emborracha en esperanza y paz. Los días se hacen muy largos y cansados, pero por el momento estoy alargando las horas, haciendo muchas más cosas que nunca.
Creo que es hora de saltar el bache, o más bien la montaña, en el que llevo ya más de año y medio. No sé que me espera al otro lado, puede que sea un precipicio, pero no importa. De algo hay que morir.
El próximo paso será decirme a los ojos que me quiero, ¿no? La autoterapia no funciona, pero está claro que seguir mirando esos ojos de color extraño al otro lado del espejo y criticando a su dueña no es el camino.
Creo que se avecinan cambios. Dudo que todos sean buenos, pero los necesito. Volver a tomar el control y dejar hasta cierto punto la autocritica es algo que deberíamos hacer todos. Aprender a querernos, a quererme más.
Y bailar bajo la lluvia…
PAZ Y AMOR
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