Inspiro, espiro, resoplo…
Las palabras más inocentes pueden llegar a herir el más fuerte de los corazones. Hace tiempo que tengo miedo a hablar y escribir, miedo a dañar, miedo a ser yo.
Me pongo una máscara y soy “feliz”.
Ya no recuerdo como era la inocencia de pensar que todos merecemos la pena. Pero todavía oigo una pequeña voz que pide comprensión para todos.
Inspiro, cojo fuerzas y alzo el vuelo. Queda tanto por andar, tanto por pensar, tantas cosas que realizar.
Creo que la sinceridad posiblemente no exista ni con nosotros mismos. Porque la verdad duele y es mejor no pensarla. Aunque a mí me resulte imposible.
Asiento y sonrío…
Es hora de dejar de lamentarse. Nunca he hecho las cosas porque a los demás les pareciese bien o mal, siempre por lo que yo creía era lo correcto. No voy a empezar ahora a preocuparme por la opinión de los demás.
Y seguiré perdonando, intentando criticar menos y buscando cosas buenas que, todo sea dicho, existen en casi todos los seres humanos. Porque todos merecemos otra oportunidad. Me debo otra oportunidad.
Creo que no me sirve el nuevo lema, me quedo con el mío. De corazón:
PAZ Y AMOR
PAZ Y AMOR
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