domingo, 12 de octubre de 2008

Una linterna


Subo las escaleras hacia el centro de la oscura sala. No sé qué me espera al encender la luz, puede que incluso no me atreva a hacerlo aún. Me siento en el frío suelo y pienso. Dudo y no me decido, es tan complicado o tan fácil, según se mire. Sólo tengo que encender la luz, pero, ¿y si no me gusta? Creo que ese es el problema.
Y así continúa mis pupilas oscuras, no hay luz dentro, no me atreví a encenderla. Sigo quieta esperando quizá una señal o una locura transitoria. Encender los pasillos de mi mente me llevaría a perderme o a encontrarme. ¿Realmente estoy buscando?
Y una linterna aparece en mi mano. Una pequeña luz que se hace enorme en una extensa oscuridad. Creo que me dedicaré a explorar.
Al mirarme al espejo sigo sin verme. Puede que mis neuronas hayan tomado vida propia.
El suelo tiembla, se avecina un cambio…

El olor a lluvia me despertó anoche y aún no había conseguido la valentía necesaria para enfrentarme de nuevo a mí misma. Dejaré el próximo asalto para mañana.


Siento la incoherencia de mis palabras.


PAZ Y AMOR

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