sábado, 28 de febrero de 2009

La mano que clava el cuchillo


No tengo explicación.
Los días pasan y todo parece nublarse de una forma extraña y retorcida. Aunque puede que lo vea así, porque así me siento.
El mundo parece venirse abajo poco a poco, y mi mundo, lleno de altibajos, pasa de momentos especiales y alegres a tramos en los que preferiría no existir.
La lógica no siempre se aplica y es algo que me desespera. Las leyes de la física, de la razón, de la supuesta e impuesta normalidad son totalmente alterables. No se puede explicar si no se experimenta, pero tampoco es agradable hacerlo. Curioso.
Las partículas que circulan por el aire se hacen visibles, y se mueven distrayendo, atrayendo, dejando claro que son ellas las que mandan sobre el fluir del aire, sobre el viento.
Una sonrisa, una llamada, un libro y un desierto. Puede que necesite ver por fin las infinitas laderas de arena con las que sueño de vez en cuando.
Palabras y más palabras. Difícil se hace encontrar las sinceras pues unos días todos te quieren y otros nadie te espera.
Andas con paso firme, mirando a todos a los ojos, como si en realidad no temblases al hacerlo. Los ojos de las personas desconocidas y de las conocidas cuentan historias mucho más evidentes de lo que la gente se piensa.
Y que fácil resulta pensar que los que no se quejan no tienen molestias, que al no expresar que cada frase puede resultar una puñalada que desangra es que no poseen una piel frágil, un corazón destrozado. Pues lo evidente a menudo es un espejismo, y la realidad el reflejo borroso de una sombra.


¿Quién soy? Buena pregunta, el problema es encontrar una respuesta certera.



PAZ Y AMOR

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