
Como cuando en los dictados del colegio, dejando clara la continuidad del párrafo, Genoveva gritaba ese: “punto y seguido”. Añadías un punto y seguido esperando a la próxima frase sin entusiasmo. Porque no implicaba novedad, porque suponía que la tortura aún no había finalizado y aún quedaban frases que escribir.
Mi vida se presenta así, como una sucesión de altibajos extraños que continúan y continúan. Hace tiempo que busco un punto de inflexión, ese punto que sea final y me deje iniciar una nueva hoja.
Los días pasan extraños, y tras un fin de semana estresante lleno de señales divinas me encuentro volviendo a este mi rincón oscuro que tenía abandonado. La época de exámenes no deja tiempo para transcribir los pensamientos o para encontrar algo que decir que no sea totalmente desesperanzado y cruel.
La vida de los demás continúa, y la mía, aunque a marchas forzadas.
La soledad invade de nuevo las cuatro paredes que me rodean. Si las cree yo o venían por defecto no lo sé, sólo sé que no me apetece tirarlas. No estoy preparada.
Nuevos caminos por recorrer o quizá barrancos por los que tirarse, ya veremos.
Mientras el mundo se coloca bocabajo, yo me doy cuenta cada día más de mi evidente locura. Y los demás parecen acompañarme por ese sendero. Todos acabaremos locos. Lo presiento.
Prometí no vaticinar nada más así que sólo el futuro me dará la razón, aunque sea la única que lo sepa. Total, no tengo ningún interés en ser recordada. No le encuentro el sentido.
Siento volver a llenar todo de incoherencias pero así soy yo.
Prometí no vaticinar nada más así que sólo el futuro me dará la razón, aunque sea la única que lo sepa. Total, no tengo ningún interés en ser recordada. No le encuentro el sentido.
Siento volver a llenar todo de incoherencias pero así soy yo.
PAZ Y AMOR
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