viernes, 20 de marzo de 2009
Mi retrato
ALGO MAYOR DE LO CUAL NADA
También la plenitud se cansa del ojo magnánimo, disciplinado,
encallado
en su esclavitud. También la exactitud
se cansa – la asimilación se cansa –
de entrar en la mente.
El lector se cansa.
Yo me canso tanto.
A quién preocupará esto a partir de ahora – estría readiante de luz
desde el pasillo que golpea la funda de la almohada –
quién podrá recibirlo –
sofá, mesa, cajón a medio abrir, su oscuridad granulada,
la taza, los tres vasos – promesas increíbles que debemos recibir –
¿La mirada? ¿Sin dejar de trenzar las muchas promesas de visión?
¿La mirada, pese a su exilio, deseando acomodarse sin embargo a su
absoluta
orfandad? ¿Realmente quieres morir?
¿No prefieres dormir un poco y volver a olvidarlo esta vez?
Nada salvo la tela se mueve cuando respiras.
No levantes la mirada a las cuatro esquinas – las cuatro esquinas
victoriosas –
buscando la forma de la clemencia. Bulle como un enjambre.
Compone paredes de ojos grises en las que la luz atrapada juega
como el humo
desprendiendo queroseno – luz, por todas partes, haciendo señales
con su épica, irrevocable identidad –
a tu alrededor, por todas partes, deambulando, áspera en tus
hombros, brillante,
reagrupando – grano a grano, sin oasis, sin conversaciones –
que ceda a ella, que se entregue –
y otras dimensiones – arenosas, ventosas – exactas – no encarnadas
- infatigables dimensiones –
metamórficas pero inflexibles –
brillando ahora, brillando – se trata de la luz, no logras mantenerla
fuera,
habitación 363,
su siglo salpicando, ingenua, alada, inquisitiva,
por aquí, por allá, como el graffiti
sobre lo desdibujado – distendiéndose – distendiendo la naturaleza
del borramiento – despiadada en su desenfado
donde se olvida que lo vivo está viviendo –
Jorie Graham
PAZ Y AMOR
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