La realidad golpea sin compasión. Los días pasan, aunque no queramos, el mundo sigue girando.
La certeza de que posiblemente sería capaz de hacer millones de cosas útiles y me siento incapaz de estudiar más de una hora seguida me aplasta.
Cada día otorga un grado más al calor de la capital, una desesperación más a los que intentamos estudiar y cierto grado de agobio a los felices humanos que disfrutan de su ya escaso tiempo vacacional.
Lo mejor de todo es sentir que todo da igual. Lo peor, saber que eso no es cierto. La inconsciencia completa no existe. O al menos yo no he alcanzado ese grado de digamos, ¿sabiduría?
El olvido duele, pero logra sus propósitos. El próximo paso supongo que sería recuperar la cordura. Pero creo que de momento me conformo con mi locura. Puede que incluso vaya a más, quien sabe.
Y en estos días de reflexión, si se puede llamar así, me he dado cuenta de que a la única que realmente le importa mi miseria es a mí. Así que creo que por fin he llegado al basta. Creo que me lo debo, creo que se lo debo a la pequeña que pide ayuda dentro de mí.
Sería conveniente escuchar más a los que nos rodean, aprender a distinguir entre las personas que me quieren y las que sólo me utilizan.
Dejar de huir e incluso dejar que me cuiden de vez en cuando. Pero puede que ahora me toque tirar sola de alguna forma, porque seguir gritando en el desierto es absurdo. Tengo claro que nadie me escucha.
PAZ Y AMOR
sábado, 22 de agosto de 2009
martes, 11 de agosto de 2009
Melancolía

Susurra la noche sentimientos oscuros como su cielo, como el universo, como el alma dormida dentro de los vivos y muertos.
Sueña el día con amanecer a ratos, la luna con seguir brillando y las estrellas con ser reconocidas por algún mago.
Las oportunidades desperdiciadas, las horas gastadas en pensar lo correcto en lugar de hacerlo. La cantidad de segundos en los que se juega en terreno seguro por miedo a arriesgar y ser herido, por miedo a quedar en ridículo, por miedo a equivocarse de nuevo y fallar.
Volver a caer en amar a quien solo hace daño, sabiendo que las personas son solo espejismos pues la realidad esta oculta y a menudo es cruel.
Deseando empezar o terminar algo que ni siquiera tiene nombre porque aún no está escrito ni decidido.
Más incoherencias, más búsqueda y la certeza de que quedan más lágrimas que sonrisas, aunque espero que alguna sea derramada de felicidad.
Seguridad en lo insegura y débil que me siento, pero construyendo cada día una lista más larga de por qué no me arrepiento del camino andado y del que creo que voy a andar.
Echaba de menos escribir, quizá sea mi forma de tratar mi locura.
Madrid huele a desierto, a cobardía, a calor y algo a falsedad.
PAZ Y AMOR
lunes, 10 de agosto de 2009
Miedo
Millones de historias separan a la persona que escribió por última vez aquí. Muchas de ellas horribles de contar y de vivir, pero otras sin embargo son la razón para intentar superar las malas.
No sé quién seguirá leyendo esto, pero me da igual. Si algo he aprendido es que estamos solos, y que al final del camino la única pregunta que cabe es si estamos dispuestos a vivir con nosotros mismos.
Quizá parezca una conclusión deprimente, pero para poder tener esperanza en que alguien, además de Dios estará siempre a nuestro lado, hay que tener un optimismo que no poseo.
La gravedad de los actos, de los míos y de los ajenos se mide en segundos de dolor, en bocanadas de aire que ahogan, en pedazos de corazón que puestos sobre la mesa pueden llegar a ser aplastados.
Alguien me dijo una vez que mi mirada imponía lo suficiente como para dar miedo en los que se esconden tras máscaras. Que no sabía cómo leía tan bien la verdad en los ojos ajenos y a la vez no veía la verdad en los míos. Supongo que es porque yo me doy miedo a veces, es complicado.
El abismo sigue a mis pies, llevo semanas pensando en lo alto que parece, y el miedo que me da saltar, dar ese paso. Volver a mirar el reflejo de ausencia y asumirlo. Terminar de una vez la lista y continuar con la decisión.
Recordar que por mucho que quiera no podré cambiar lo que siento, y me parece que he decidido sufrir más. No puedo evitarlo, no me da igual.
Pero espero que no sea así para siempre, pues “siempre” es como en los test de la facultad, es falso, como “nunca”.
Y tras asumir lo que debo, espero como una niña abandonada en una estación de tren. El problema es que ya no soy una niña, y sé que nadie vendrá a recogerme. Y ahora me pregunto, ¿dónde está mi tren?
No sé quién eres, no sé quién soy.
PAZ Y AMOR
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