Hay una luna que a todos nos pertenece, un sol que a todos alumbra.
El deslizante sonido de la vida se vuelve pequeño cuando el corazón late deprisa pues los latidos se sienten en el oído. Y son esos momentos de silencio a solas con el corazón cuando darte cuenta de que sigues viva es más fácil.
Con cuidado de no hacer ruido, de no despertar a la bestia, de no ser el objeto de ninguna mirada ni reproche avanzamos. Intentando hacer lo más cómodo, y si de paso es lo correcto, pues mejor.
El otro día me acordaba de una frase que decía siempre mi profesor de filosofía: “Sobre los que ni frío de calor escupo en su boca”. Y siempre me pareció demasiado extremista, porque no siempre hay que estar de una parte. En un extremo.
Lo curioso es que de repente me di cuenta de lo que quería decir. Hablaba de vivir sin tomar el mando, de estar siempre esperando a que otros den el paso o tomen una resolución. A que otros batallen o se muevan por nosotros.
Hay que tener clara la posición en la que vivimos, una convicción mediana de lo creemos y algo de corazón en ello. Si tú ya has dado el paso que debías ya no queda más que esperar. Y esperar. Y esperar.
Pero hasta el más paciente de los soldados llega un momento en que desfallece. Y en la espera es cuando te das cuenta de lo que vale realmente la gente. Y lo grande que es el orgullo de algunos. Yo nací sin eso, y aunque he intentado aprender a tenerlo, no soy capaz.
Eso sí, con los años he aprendido que no se puede forzar el amor, y que cuando no existe es imposible encontrarlo. Hay corazones en los que sólo entra una persona y ésta suele ser su reflejo.
Y quien nunca ha amado al 100% nunca podrá entender de lo que hablo.
PAZ Y AMOR
El deslizante sonido de la vida se vuelve pequeño cuando el corazón late deprisa pues los latidos se sienten en el oído. Y son esos momentos de silencio a solas con el corazón cuando darte cuenta de que sigues viva es más fácil.
Con cuidado de no hacer ruido, de no despertar a la bestia, de no ser el objeto de ninguna mirada ni reproche avanzamos. Intentando hacer lo más cómodo, y si de paso es lo correcto, pues mejor.
El otro día me acordaba de una frase que decía siempre mi profesor de filosofía: “Sobre los que ni frío de calor escupo en su boca”. Y siempre me pareció demasiado extremista, porque no siempre hay que estar de una parte. En un extremo.
Lo curioso es que de repente me di cuenta de lo que quería decir. Hablaba de vivir sin tomar el mando, de estar siempre esperando a que otros den el paso o tomen una resolución. A que otros batallen o se muevan por nosotros.
Hay que tener clara la posición en la que vivimos, una convicción mediana de lo creemos y algo de corazón en ello. Si tú ya has dado el paso que debías ya no queda más que esperar. Y esperar. Y esperar.
Pero hasta el más paciente de los soldados llega un momento en que desfallece. Y en la espera es cuando te das cuenta de lo que vale realmente la gente. Y lo grande que es el orgullo de algunos. Yo nací sin eso, y aunque he intentado aprender a tenerlo, no soy capaz.
Eso sí, con los años he aprendido que no se puede forzar el amor, y que cuando no existe es imposible encontrarlo. Hay corazones en los que sólo entra una persona y ésta suele ser su reflejo.
Y quien nunca ha amado al 100% nunca podrá entender de lo que hablo.
PAZ Y AMOR


