domingo, 22 de noviembre de 2009

O te mueves o caducas

Hay una luna que a todos nos pertenece, un sol que a todos alumbra.

El deslizante sonido de la vida se vuelve pequeño cuando el corazón late deprisa pues los latidos se sienten en el oído. Y son esos momentos de silencio a solas con el corazón cuando darte cuenta de que sigues viva es más fácil.

Con cuidado de no hacer ruido, de no despertar a la bestia, de no ser el objeto de ninguna mirada ni reproche avanzamos. Intentando hacer lo más cómodo, y si de paso es lo correcto, pues mejor.
El otro día me acordaba de una frase que decía siempre mi profesor de filosofía: “Sobre los que ni frío de calor escupo en su boca”. Y siempre me pareció demasiado extremista, porque no siempre hay que estar de una parte. En un extremo.

Lo curioso es que de repente me di cuenta de lo que quería decir. Hablaba de vivir sin tomar el mando, de estar siempre esperando a que otros den el paso o tomen una resolución. A que otros batallen o se muevan por nosotros.

Hay que tener clara la posición en la que vivimos, una convicción mediana de lo creemos y algo de corazón en ello. Si tú ya has dado el paso que debías ya no queda más que esperar. Y esperar. Y esperar.

Pero hasta el más paciente de los soldados llega un momento en que desfallece. Y en la espera es cuando te das cuenta de lo que vale realmente la gente. Y lo grande que es el orgullo de algunos. Yo nací sin eso, y aunque he intentado aprender a tenerlo, no soy capaz.

Eso sí, con los años he aprendido que no se puede forzar el amor, y que cuando no existe es imposible encontrarlo. Hay corazones en los que sólo entra una persona y ésta suele ser su reflejo.

Y quien nunca ha amado al 100% nunca podrá entender de lo que hablo.


PAZ Y AMOR


sábado, 14 de noviembre de 2009

¿Estás?


Sentada en los escalones de un portal miraba la gente pasar. Nadie le sonaba, ¿había tantos desconocidos en el barrio? Puede que fuese la primera vez que se paraba a mirar a la gente de verdad.


La primera gota siempre cae en la nariz, quizá por ser la parte más sobresaliente de la cara. Por fin llovía, y sin pensarlo salió a disfrutarlo.


Y allí bailando bajo la lluvia recordó que estaba aún viva, que las gotas mojaban su piel, que las sentía. La gente miraba con recelo a la extraña y aparentemente loca muchacha. Pero parecía que le daba igual.


Tenía asumida su locura.


La realidad nunca había sido tan clara, tan real. Como si se hubiese lanzado al vacío por un acantilado y estuviese disfrutando del shock que da el contacto del agua al final de la caída.


Ella se lo tomó como un principio, aunque principio y final siempre están unidos. Los extremos se juntan de una forma retorcida.


Quizá por eso es tan difícil terminar y empezar.


Más soñando con terminar de cogerle el tranquillo a esto de vivir, parece que los días pasan deprisa.



PAZ Y AMOR

jueves, 5 de noviembre de 2009

Epidemia de apatía


Quiero hundirme de nuevo en ese lugar seguro en el que nadie me puede hacer daño. Ese lugar en el que nadie puede entrar excepto yo y en el que a veces me quedo atrapada. Pero creo que he perdido la llave, no sé. Hoy no me siento cómoda debajo de mi piel.
La cantidad de palabras que se pasan por la cabeza de una persona a lo largo del día son incontables, incontrolables. Me gustaría poder conocer el completo silencio pero pedir paz y conseguirla son cosas completamente distintas.
La necesidad de no perder lo perdido, de volver atrás resulta a veces insoportable. Tan insoportable como saber que la soledad nunca llega a aceptarse del todo.
Llevo ya semanas pensando en el camino recorrido y en la cantidad de fallos que hay en él. Pero por un extraño motivo no me siento culpable de nada por primera vez en mi larga vida y es que creo que bien o mal he hecho todo con la mejor intención y sobretodo dejando abierto el corazón.
Siendo sincera creo que no volverá a ocurrir. He perdido las razones para mostrarme al mundo si alguna vez las tuve, y vuelvo a la oscuridad en la que sé lo que esperar y a quién. Tampoco creo que nadie lo eche de menos.
Creo que hay demasiadas cosas que quiero decir y muy poco tiempo. Cada día es un remolino de las mismas cosas mezcladas y matizadas de forma retorcidamente distinta.
Y si este fuera mi último día en la tierra no sabría qué decir. Supongo que daría lo mismo. A muy pocos les importa lo que sucede fuera de su ombligo, y a mí me da lo mismo lo que suceda en el mío. Pero esa es otra historia.
Por lo demás estoy llena de sonrisas fáciles y composiciones complicadas.


PAZ Y AMOR