
Todo resulta tan retorcidamente complicado que me seduce. El susurro de una realidad alterna e imposible, sutil pero claro, hace que mis sentidos se agudicen.
Los restos de mis pensamientos quedaron escritos en folios que lancé por la ventana al vacío donde van los sueños, los pedazos rotos de corazón y las falsas promesas.
Cuando la embriagadora fragancia del peligro penetra en el alma no puedes evitar sentirte viva. Poco a poco, vuelve la respiración y lo que en un principio era inevitable parece que puede controlarse.
Y aunque me engancha la idea de perseguir piratas por la ciudad mientras los demás duermen, creo que es hora de irse a dormir y controlar las fantasías. Y los fantasmas.
Intentar recordar porqué empezó todo a cambiar, recobrar algo de paciencia. Comprender que lo que yo deseo para los demás y lo que ellos hacen para conseguirlo no es proporcional. Aceptar que el mundo no se puede cambiar, que no podemos cambiar a las personas pues nadie es quien parece ser.
Volver a sentirme como una niña con ganas de jugar a imaginar un mundo alternativo y despertarme después en la sombría y cruda realidad de Madrid.
Y seguro que pensabas que con ofrecerme tu mano y guiñarme un ojo sería suficiente…
PAZ Y AMOR
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