lunes, 15 de marzo de 2010

Pereza

Hay gente, días, comida e incluso ropa insulsa. Las cosas que ni fu ni fa llenan los minutos perdidos del día. Caras que no recuerdo, comentarios que no se fijan en mi memoria y pequeños detalles que fallan por ser más de lo mismo.

Me pregunto por qué no podemos hacer lo mismo con los momentos malos. Dejar que pasen y olvidarlos. En lugar de repetirse una y otra vez en la cabeza recordando el terrible fracaso de personas que somos a ratos.

No quiero más sermones ni más tonterías. Desearía tener la clave pero creo que ni aun intentando dejar de comprender llega alguna vez a tener sentido algo.

Y si se trata de destruir y construir constantemente pues quizás debería estudiar una base de ingeniería por qué en mi vida hay demasiada demolición.

Creo que de alguna forma hay personas que consiguen llegarte al corazón sin quererlo ya sea para dañarlo o para sorprenderlo con un poco de amor, que siendo sinceros no abunda en el mundo.

¿Dónde quedan las promesas rotas? Puede que las tuyas se las lleve el viento como la voz que las pronuncia pero mis promesas no cumplidas se quedan conmigo. En mi rincón oscuro para venir a atormentarme por la noche, a recordarme de nuevo que no hay que prometer porque nunca se sabe donde estarás unos minutos después.

Y a quien aún lea mis retorcidas palabras y no considere que al hacerlo pierde su tiempo se lo agradezco. Últimamente no dejo de plantearme si en realidad ya no me queda nada que decir. El vacío ocupa a ratos un gran espacio. Seguido de cerca por una fingida indiferencia.


PAZ Y AMOR

miércoles, 10 de marzo de 2010

Alucinando


Sabes que decir. Te preparas, lo piensas, coges incluso un trozo de papel en tu mente y lo escribes, lo recitas. Pero al coger el teléfono, te arrepientes. Sabes que hacer, cómo pedir perdón, cómo decir que sientes causar daño sin quererlo y luego te arrepientes.
Porque a veces las palabras parecen vacías, porque a veces el viento es demasiado espeso. Porque el ser humano está compuesto de consecuciones de decisiones a cada segundo, algunas conscientes y otras automáticas pero que dirigen poco a poco un camino.


Hace frío, pero no fuera, sino dentro. Y quizá mi profesora tenga razón y si te descuidas acabas en el hoyo, pero hoy no me apetece pensarlo.


Cada día comprendo un poco mejor a las personas que han decidido apartarme de su vida o apartarse de la mía. Hay días en los que soy completamente insoportable y sin embargo hay otros en los que no soporto a nadie.


Cansada de luchar por hacer comprender que lo que está estipulado a mi me sabe a poco, que lo que algunos consideran normal para mi es insuficiente o excesivo, que el sacrificio sabe a poco cuando se habla constantemente de él.


Y sí, creo que constantemente me equivoco. Y quizá también critique demasiado, pero yo no tengo problemas con decir las cosas a la cara. Ni con dar abiertamente mi opinión si lo creo oportuno. Sin embargo parece que los demás prefieren la falsedad, como si no notase la mentira en los ojos, en la voz, en la expresión.


Supongo que es uno de esos días en los que me pregunto por qué aun me sigo sorprendiendo ante las acciones humanas. Quizá sea mejor dejar de esperar que en algún momento alguien sea capaz de sorprenderme de verdad.


PAZ Y AMOR