La fortuna es un concepto extraño. Unos miden la riqueza de espíritu y otros la material, pero incluso dentro de esas dos categorías, cada uno hace lo que buenamente le parece. Sí, la vida está llena de subjetivismo, de emociones y hormonas que no permiten ver con claridad.
Nunca podré explicar lo que me cuesta o no hacer algo, porque yo no soy así. Hago las cosas porque sí, porque las siento y punto sin esperar nada a cambio. Entregar como un regalo cada minuto es mi meta, aunque no siempre es fácil de realizar. Hay días en los que me encantaría gritar estoy cansada de hacer cosas por ti sin que te des cuenta del esfuerzo que para mi suponen, pero me aguanto.
Es como cuando coges y regalas con todo tu cariño algo y no recibes nada a cambio. Así es la vida. Llena de baches y tortazos en la cara.
Y de la nada aparecen las sabias palabras de quien lo ha perdido todo y no sabe cómo recuperarlo. De quien ha sufrido y se ha perdido en la oscuridad.
Mi oscuridad es distinta a la tuya. Mis problemas no son los tuyos, y nadie puede saber cómo te sientes de verdad porque sólo tu vives tu vida. Pero quizá es hora de dar gracias por tener una cama, ropa y comida. Quizá llego el momento de dejar de desear lo imposible y agradecer lo bueno que tienes ahora. Porque nunca lograremos alcanzar las fantasías creadas en nuestras cabezas. Y no es conformismo, es gratitud. Abro los ojos, sé que quien no me quiere ahora no lo hará jamás por mucho que haga. Sé que todo tiene un límite. Sé que hay quien tira tanto que rompe la cuerda y que hay quienes nunca lucharán porque te mantengas a su lado.
A quien está ahí: gracias. A quien no lo está: gracias. A quien lo intenta: gracias. Sin ironías, sin sarcasmo.
Hay días que simplemente terminan con un adiós.
PAZ Y AMOR