
Me miraste, aunque sólo fue durante un segundo lo noté. Sólo me mirabas a mí, porque sólo existía yo. Sonreías, ¿o no? Eso no logro verlo claro, creo que he distorsionado el recuerdo.
Prometiste haberme echado de menos, creo que mentías, yo fui sincera a ratos, como siempre. Y otra mirada complaciente, pero esta sin intención, como la que le dedicas a cualquiera.
El problema es que no me olvido, el motivo es que no me da la gana. Aparezco entre borderías y malas caras, entre risas y caricias bien recibidas. Entre bipolares y viejunos. Sobrevivo. Porque vivir, lo que se dice vivir no lo hago. Se me olvidó cómo.
Y una mañana tranquila me levantaré con una sonrisa y pensaré que todo da igual. Pero hoy no puedo. Y entre ganas de marcharme y de abrazarte, entre marrones y sorpresas creo que no queda mucho que pueda hacer. No, eso está mal. No queda mucho que quiera hacer.
¿Y por qué cuando te necesito no estás? Porque te eché o no te invité a quedarte aunque creí quedó implícito. No me decido.
De repente apareces y me besas, y despierto. Y veo que nada es como me gustaría y a la vez todo es extrañamente cómodo. Puede que necesite irme para echarte de menos o que tú vuelvas de verdad a mí.
Seguiré esperando el momento exacto, el punto de cambio, el aire que me indique que debo marchar y olvidarlo.
PAZ Y AMOR
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