martes, 31 de marzo de 2009

Fragmentos de espejo

Hoy es uno de esos días en los que me subiría en una nube a observar desde lejos el mundo para tomar perspectiva. Para aclararme y coger fuerzas. Para intentar comprender los actos incomprensibles de las personas. Para centrarme de una vez y dejar de dormirme en clase.

Ayer fue uno de esos lunes de los que deseas llorar y llorar pero acabas riendo por culpa de esas pequeñas personas felices que te rodean y hacen que todo parezca más fácil. Son esas personas las que te recuerdan porqué sigues creyendo en que en todo túnel hay una luz.

Y vuelvo a la oscuridad en la que me siento insegura pero retorcidamente cómoda tras un paseo por el universo. Sigo siendo incapaz de hacer tantas cosas…

Escupiría a mi reflejo. Y al de unas cuantas personas más.

Espero no haberme equivocado al andar por ciertos caminos.

Aún noto como vibra el suelo después del terremoto, como me falta el aire del susto, como duelen los pulmones al darme cuenta de que era cierto lo que pensaba.

Odio cuando mis intuiciones negativas son certeras.



PAZ Y AMOR



domingo, 29 de marzo de 2009


La conversación de un silencio necesario lleno de cosas de las que hablar pero nadie es capaz de decirlas.


La inconsciencia de las palabras que sin ser importantes duelen por no ser las adecuadas.


Miradas vacías. Desconfianza.


Pasos y más pasos.


Cansancio. En este desierto no existe ningún oasis.


Pronto volveremos a las risas o reiremos entre lágrimas.


Quizá la oscuridad en el corazón es lo que da fuerza.


Creo que la mayor parte del tiempo estamos solos por culpa de esa barrera invisible que poseemos alrededor.


Pensaba que estabas a mi lado.


Vuelves a no entender nada.


PAZ Y AMOR

domingo, 22 de marzo de 2009

Entre humo y barrotes


El sentimiento torturado de quien vive en una jaula. Creada cuando el hombre decidió que era más divertido observar a los animales cautivos, controlados, indefensos.


Aparentemente son felices, parece que se divierten por saltar tras una pelota y recibir un poco de alimento a cambio, por volar sobre las cabezas de espectadores fascinados por la majestuosidad de unas alas que no poseen. Olvidando siempre que tras ese corto vuelo le sigue el premio más deseado de todo, encerrarse tras barrotes de hierro hasta la próxima función.


Pero en el intermedio no te libras de que algún gracioso te tire comida a la cabeza y decida que reírse de ti es sano, sin tener en cuenta que puede que está en ese pozo que tanto odias y que al tirarte más agua encima quizás te ahogues. Porque quizás los animales sonrientes no son tan débiles, pueden aguantar todo lo que les echen. Al fin y al cabo parece que no se quejan, ¿no?


Y la vida es igual, un cúmulo de máscaras, de sonrisas falsas, de supuesta felicidad al conseguir un premio. Pero todo cambia cuando te encuentras en tu jaula, que mientras es visitada por millones de ojos desconocidos, te resulta demasiado pequeña y visible. Pero cuando llega el deseado momento de que dejen de mirarte, eres tú de nuevo. Aunque eso no sea siempre lo que deseas.


La jaula se hace demasiado pesada, y sólo frente a unos pocos podemos deshacernos de esa máscara de felicidad que exige, pues todo el mundo ha venido a verte, a preguntarte que tal estas, a esperar a que hagas algo digno de ver o a que seas algo digno de observar.


Y desde mi jaula veo las caras de dolor de los que me observan. Sigo viendo el vacío en los ojos, ese vacío que me duele. Esa cantidad de gente que sigue buscando un motivo para continuar, para quererse, para no destrozarse, para no huir, para luchar, para dar el paso definitivo, para salvarse, para creer que valen algo y quizás para colgarse alguna medalla.


Es en mañanas como esta dentro de mi jaula, donde doy gracias por los que han sabido entrar en ella, y en las que me arrepiento de que no esté blindada y con cristales teñidos. Todo llegará.

PAZ Y AMOR

viernes, 20 de marzo de 2009

Mi retrato


ALGO MAYOR DE LO CUAL NADA


También la plenitud se cansa del ojo magnánimo, disciplinado,
encallado
en su esclavitud. También la exactitud
se cansa – la asimilación se cansa –
de entrar en la mente.
El lector se cansa.
Yo me canso tanto.
A quién preocupará esto a partir de ahora – estría readiante de luz
desde el pasillo que golpea la funda de la almohada –
quién podrá recibirlo –
sofá, mesa, cajón a medio abrir, su oscuridad granulada,
la taza, los tres vasos – promesas increíbles que debemos recibir –
¿La mirada? ¿Sin dejar de trenzar las muchas promesas de visión?
¿La mirada, pese a su exilio, deseando acomodarse sin embargo a su
absoluta
orfandad? ¿Realmente quieres morir?
¿No prefieres dormir un poco y volver a olvidarlo esta vez?
Nada salvo la tela se mueve cuando respiras.
No levantes la mirada a las cuatro esquinas – las cuatro esquinas
victoriosas –
buscando la forma de la clemencia. Bulle como un enjambre.
Compone paredes de ojos grises en las que la luz atrapada juega
como el humo
desprendiendo queroseno – luz, por todas partes, haciendo señales
con su épica, irrevocable identidad –
a tu alrededor, por todas partes, deambulando, áspera en tus
hombros, brillante,
reagrupando – grano a grano, sin oasis, sin conversaciones –
que ceda a ella, que se entregue –
y otras dimensiones – arenosas, ventosas – exactas – no encarnadas
- infatigables dimensiones –
metamórficas pero inflexibles –
brillando ahora, brillando – se trata de la luz, no logras mantenerla
fuera,
habitación 363,
su siglo salpicando, ingenua, alada, inquisitiva,
por aquí, por allá, como el graffiti
sobre lo desdibujado – distendiéndose – distendiendo la naturaleza
del borramiento – despiadada en su desenfado
donde se olvida que lo vivo está viviendo –

Jorie Graham


PAZ Y AMOR

martes, 17 de marzo de 2009

Ángel caído


Siento que vuelo y me pierdo. Que las nubes fueron ese destino que un día soñé. Que en realidad no tengo alas y me caigo.


Hay preguntas que son retóricas, sentimientos que van solo en un sentido y palabras que son capaces de destruir en un segundo tu mundo.

Hay sonrisas telefónicas y miradas complacientes. Existen millones de personas que lloran solas, que hablan con su reflejo, que se vuelven locas.

Existen mil razones para protegerte y mil para destruirte. Pero no existe una balanza.

Los niños son desechados antes de sonreír, las personas son juzgadas antes de quitar las máscaras y la falsedad. Las mentiras vuelan por alrededor de nuestras cabezas.

Puedo engañar y mentir, puedo dar miedo. Puedo sonreír ante la persona que más dolor me causa. Puedo soñar que algún día seré capaz de decir siempre lo que pienso.

Y lo que hay se junta con lo que podría haber. Y todo parece un camino de baldosas amarillas a ese horrible mundo que odiaba de pequeña.


Lo cierto es que echo de menos la inocencia. Me pregunto por qué la maté.

PAZ Y AMOR

lunes, 16 de marzo de 2009

Días

Hay días extraños, en los que te sientes fuera de la piel, como si ya no pudieses quedarte dentro. Esta sensación es increíble cuando la causa algo bueno, pero es lo más incómodo y desconcertante cuando la causa el vacío.
El sentimiento de vacío es aquel por el cual al mirar a una persona a los ojos, no ves nada. O mejor dicho, nada bueno. Provoca esa sensación de máscara falsa que lleva a pensar a los menos avispados que todo anda bien y a preocupar a los que nos gusta observar desde las sombras.
Podría decir que mi rincón oscuro está más oscuro que nunca.
La luna se tiñó de rojo y trajo consigo al Espíritu sobre la cabeza de aquellos que decidieron decir aquí estoy sin dudar.
La vida continúa, la facultad, los compromisos, las interminables horas de estudio, las llamadas telefónicas y las conversaciones absurdas.
¿Cómo saber cuándo confiar en alguien de verdad? Y lo peor de todo, ¿qué haces cuando te abandona?
Replantearse la existencia y rezar.

PAZ Y AMOR